SOCIEDAD DE BIBLIÓFILOS CHILENOS, fundada en 1945

Chile, fértil provincia, y señalada / en la región antártica famosa, / de remotas naciones respetada / por fuerte, principal y poderosa, / la gente que produce es tan granada, / tan soberbia, gallarda y belicosa, / que no ha sido por rey jamás regida, / ni a extranjero dominio sometida. La Araucana. Alonso de Ercilla y Zúñiga

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Editor: Neville Blanc

Tuesday, August 22, 2017

Cómo hacer un libro artesanal. Tutorial de encuadernación | How to make ...


Cosido manual de un libro


Partes de la encuadernación


Monday, August 21, 2017

Johann Christian Friedrich Hölderlin.

Por Javier Galarza

Hölderlin: la noche sagrada

Poesía
"Las obras que harán famoso a Hölderlin fueron redactadas en la primera mitad de su vida. El resto de los años vivirá loco, encerrado por propia voluntad en la torre de la casa de un carpintero". Tomado de La noche sagrada, libro de ensayos publicado por Audisea recientemente.
Hölderlin: la noche sagrada
Por Javier Galarza.

En una tierra plena de naturaleza, en Lauffen junto al Neckar ("despertó entre tus valles a la vida mi corazón" ), un año después que Napoleón Bonaparte, con obra en desarrollo de los filósofos Rousseau y Kant y con Goethe y Schiller en plena actividad, el mismo año que Beethoven, dos años antes que Novalis más precisamente el 20 de marzo de 1770, nace el poeta Johann Christian Friedrich Hölderlin.
Cuando tiene dos años fallece su padre. Su madre se vuelve a casar pero al poco tiempo también muere su padrastro, en 1779, cuando Hölderlin tiene nueve años, por lo que vive doblemente esa orfandad.

Cuando yo era niño
un dios solía salvarme
del griterío y la cólera de los hombres;
entonces jugaba tranquilo y bueno,
con las flores del bosque
y las brisas del cielo
jugaban conmigo (...)
 
Me daba la bienvenida
la armonía del bosque
y aprendía a amar entre las flores.
He crecido en los brazos de los dioses.

Las obras que harán famoso a Hölderlin fueron redactadas en la primera mitad de su vida. El resto de los años vivirá loco, encerrado por propia voluntad en la torre de la casa de un carpintero, en un cuarto con vista a las estaciones. Antes de enloquecer vivirá un amor con Susette Gontard a quien bautizará con el platónico nombre de Diótima “porque le enseña el amor”.
Destacamos ciertos rasgos de la personalidad del poeta, evidenciados desde sus primeros años: hipersensibilidad, oscilaciones de carácter y una marcada tendencia a la soledad que luego se transformará en reclusión. La producción de Hölderlin abarca los poemas de juventud, las grandes elegías, los últimas odas e himnos, los poemas de la locura, la novela epistolar Hiperión, traducciones del griego, una obra de teatro llamada La tragedia de Empédocles y algunos ensayos fragmentarios.
Cuando Hölderlin tiene cuatro años Goethe publica Werther, la novela que será la piedra de toque del romanticismo, movimiento del que después el mismo Goethe se apartará, no queriendo ser identificado con "los poetas de las tumbas y de la noche".Goethe no tendrá una buena relación con Hölderlin: lo califica de "espíritu confuso". En cambio Schiller adoptará una actitud protectora y Hölderlin publicará en su revista Thalia los fragmentos del Hiperion.
Destacamos que la onda expansiva del estallido de aquellos días conforma un todo cuyos efectos aún perduran. El romanticismo fue una reacciona contra la Ilustración y el enciclopedismo. Alguna vez fue definido como "el hijo problemático de la Ilustración", Hölderlin bien podría ser calificado como un fruto extraño del romanticismo. Más cerca de lo clásico. Las definiciones han variado acerca de la filiación de Hölderlin, pero tal vez lo más preciso sea situarlo entre los neoclásicos y los románticos, o bien decir que fue un romántico helenista, por haber puesto su mirada en la Grecia Antigua, o un romántico diurno en contraposición a la característica nocturna del movimiento.

Apartado. Un punto de inflexión

El poeta Novalis es la esencia misma del romanticismo. Contemporáneo de Hölderlin, murió muy joven. Luego de perder a su prometida Sophie, apenas una adolescente, hace de la poesía un absoluto, una religión a través de la cual intenta acompañar a su amada en la muerte. En sus célebres Himnos a la noche, luego de describir vagamente la naturaleza "solar", escribe: Pero me vuelvo hacia el valle, a la sacra, indecible, misteriosa Noche. Esta "elección", tan desesperada como una iluminación a la inversa o una revelación oscura, es uno de los puntos de inflexión que prefigura la estética decadente y sombría de los poetas malditos, y la noche como espacio privilegiado de toda manifestación poética. Intuimos que esa inflexión, esa sola inflexión, esa "declaración de principios" de habitar la noche, contiene algo de la violencia sádica del conde de Lautreamont (he hecho un pacto con la prostitución para sembrar el desorden en las familias), el desprecio adolescente de Rimbaud (senté a la belleza sobre mis rodillas y la encontré amarga y la injurié) y los paraísos artificiales de Baudelaire con su estética de tugurios y prostitutas enfermas que viven en sus poemas).
En 1784 Hölderlin ingresa al internado confesional luterano pues la madre ha decidido para él la carrera de pastor protestante. Es delicado, de modales distinguidos, algo lejano y huidizo, dotado para la música, ejecuta el violín y el piano. Pronto muy pronto se aboca al estudio de la cultura griega. Como si creciera en brazos de los dioses.
En la adolescencia mantiene una relación con Louise Nast, con quien se compromete. Louise era la hija del encargado del colegio al que ingresó Holderlin en 1786. La relación duró tres años con un apasionamiento propio del carácter del poeta. Los desequilibrios anímicos y "los deberes que exige la vocación de escritor" parecen ser el "argumento" para la ruptura de la relación, que era "aprobada" por la madre de Hölderlin. Cuando este tiene 21 años, en una carta a su madre escribe recordando a la muchacha: "...no esperaba ser feliz en el estado de hombre casado en una tranquila parroquia..."
La hija del rector del seminario de Tubingen, Elise Lebret fue otro amor de Hölderlin con quien se produjo un abundante intercambio de cartas que después de la relación fueron reclamadas por la muchacha... para ser destruidas... Tomamos algunos fragmentos de las obras de Hölderlin que nos demuestran por qué, para el filósofo Heidegger, Hölderlin es el poeta que "poetiza la esencia de la poesía".
 
pero si logro plasmar lo más querido
y sacro entre todo, la poesía
 
entonces sonreiré satisfecho a las feroces
sombras, aunque debiera dejar
en el Umbral mi voz. Un solo día
habré vivido entre los dioses. Y eso basta.
(fragmento de A las parcas)

 
(...)
los poetas son ánforas sagradas
donde se guarda el vino de la vida,
el espíritu de los héroes.
(fragmento de Bonaparte) 

 
Pero el mar quita y da memoria
y el amor también fija ojos atentos
Pero lo que permanece lo fundan los poetas.
(fragmento del poema Recuerdo que enseguida nos hace pensar en la versión heideggeriana de ese verso: Poesía es fundación del ser por la palabra).

Una vez más, como en la elegía Pan y vino, son los poetas quienes llevan la antorcha del dios del vino, peregrinando de tierra en tierra en la noche sagrada, siguiendo el rastro de los dioses huidos.

Tubingen

A los dieciocho años se hace amigo de Hegel y de Scheeling, en el seminario de teología de Tubingen. Crean el "club de amigos de Kant" deslumbrados por el filósofo y plantan un árbol en torno al cual bailan al estallar la Revolución Francesa. Se ha escrito mucho acerca de la influencia de Hölderlin sobre su amigo Hegel, con quien mantenía conversaciones hasta la madrugada. Citamos aquí un fragmento del poema Eleusis, del filósofo a su amigo poeta, recordando los días de juventud.

Eleusis
(fragmento del poema que le dedicara Hegel a Hölderlin)
Y tu imagen, querido, se presenta ante mí; tu imagen
y el placer de los días que han huido, aunque pronto los borra
la dulce espera de volver a vernos...
Se me presenta la escena del abrazo
anhelado, fogoso; más tarde las preguntas, el interrogatorio
más profundo, recíproco,
tras cuanto en actitud, expresión y carácter
el tiempo haya cambiado en el amigo... placer de la certeza
de hallar más firme, más madura aún la lealtad de la vieja alianza, alianza
sin sellos ni promesas,
de vivir solamente por la libre verdad
(…)

Jena (1795)

Hölderlin asiste a los cursos del filósofo Fichte, cosa que también hace Novalis en medio de una agitación intelectual pocas veces vista. Allí tal vez podría vivir de su trabajo de escritor en oposición a lo que deseaba su madre: el trabajo de pastor protestante. De pronto, en lo que es visto por muchos como su primera crisis psicótica, abandona la ciudad y se refugia en la casa de su madre.

Hiperión

Con su novela Hiperión, Hölderlin quiso llegar a una "tierra no descubierta" en el terreno de la poesía. Las interpretaciones sobre la novela, son tan amplias como "un ímpetu revolucionario apto para una nueva concepción del estado" (Hegel) hasta "una nueva religión" (Dilthey). Se trata de una novela epistolar que una vez más desafía las clasificaciones. Llama la atención como el carácter de los protagonistas cambia de párrafo en párrafo, del entusiasmo a la desilusión. Las investigaciones de Pierre Bertaux demuestran que Hölderlin fue jacobino. El Hiperión pudo ser un intento de redactar un credo revolucionario: la religión de los hombres libres.

El ensayo continúa en el volumen de Audisea
 
 

Ezra Pound

Poesía norteamericana

Tres poemas de Ezra Pound

Poesía
"La literatura es una noticia que permanece noticia", creía Ezra Pound, poeta, músico y ensayista nacido en en 1885 en Hailey, Idaho (Estados Unidos), representante clave de la llamada Generación perdida. Aquí, versos tomados de la Antología de la poesía norte-americana (Siglo XXI) compilada y traducida por José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal.

 
Tres poemas de Ezra Pound
"La literatura es una noticia que permanece noticia", creía Ezra Pound, poeta, músico y ensayista nacido en en 1885 en Hailey, Idaho (Estados Unidos), representante clave de la llamada Generación perdida.


Con doce años ingresó a la escuela militar, donde estudió griego y latín; después, a la Universidad de Pennsylvania, donde se graduó en lenguas románicas. Se trasladó a Londres en 1908, para trabajar como corresponsal, y de allí viajó a Italia, donde moriría, en Venecia, en 1972.

El periodista César Cervera anota su ferviente devoción por el régimen fascista de Benito Mussolini: "Pound puso su desbordante talento en manos de los instrumentos propagandísticos de «El Duce» durante la guerra. Terminado el conflicto, EE.UU le juzgó por traición, y solo por la intermediación de diferentes figuras del mundo de la cultura, entre ellos Hemingway, consiguió evitar la pena de muerte al declararse demente".

Tomados de la Antología de la poesía norte-americana publicada por Siglo XXI -compilada y traducida por José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal-, aquí tres los poemas del autor de los Cantos.

Causa

Yo junto estas palabras para cuatro personas,
algunos más pueden oírlas,
oh mundo, lo siento por ti,
tú no conoces a estas cuatro personas.


Sabiduría antigua, algo cósmica

So-Shu soñó
y habiendo soñado que era un pájaro, una abeja y una mariposa,
quedó incierto de por qué debía tratar de sentirse otra cosa,
de ahí su contento.


La buhardilla

Vamos, compadezcamos a los que están mejor que nosotros,
vamos, amigo recordemos,
    que los ricos tienen camareros y no amigos
y nosotros tenemos amigos y no camareros.
Vamos, compadezcamos a los casados y a los no casados.
La aurora entra con pasitos menudos
    como una dorada Pavlova,
y yo estoy junto a mi deseo.
Y la vida no tiene nada mejor
que esta hora de diáfana frescura,
    la hora de despertarnos juntos.




 

Las cartas de Eros. Enrique Lihn

Por Enrique Lihn

Carta a Gabriela

Ficción hispanoamericana
"Te amo en lo que dejaste, eso que siempre se deja de tener -un poema- y que, en un cierto sentido, no se tiene nunca". Seis textos dirigidos a mujeres imaginarias, una autobiografía velada: rescatado por Ediciones Overol, un libro escrito a comienzos de los 80 que hasta ahora se mantenía inédito.

 
Carta a Gabriela
Por Enrique Lihn.

Gabriela:
 
Como escribo cartas imaginarias a mujeres que, en un cierto sentido, no existen, no veo ninguna razón para que tú no seas una de mis destinatarias. Estás muerta, no es un inconveniente. Tanto más cuanto que nunca habrías recibido, de mi parte, ni leído una cosa como ésta, en la época en que te conocí de vista, ya te diré cómo. Ahora que ya no sabes nada de nada, no hace falta que ignores, señora mía, mi admiración juvenil por ti, literaria pero tan intensa como para confundirse con un patatús al corazón o el alboroto de los espermios que le censuraron al autor de Mal de amor. ¿Por qué no? He seguido hablando de ti como lo hacía en los años cincuenta —ahora que soy yo el cincuentón y no el siglo—, en el carro de un tren de tercera, en la calle Puente (cerca de la Estación Mapocho), en estado de ebriedad, en un hotel de Cartagena, ahora y aquí y en los Estados Unidos, en tu propio Barnard College —el invierno del ochenta y uno— y también en la calle, en los trenes y en los aviones. No se trata de una mera adhesión —siempre ha sido crítica— a la poeta, sino, repito, de una relación erótica entre mi cuerpo y el tuyo —ambos verbales— porque estamos hechos de palabras. El uno para el otro.
Incluso resiento, si quiero, hasta el día de hoy, como una injusticia el que acusaras recibo públicamente, con unas líneas, del librito de uno de mis amigos, y del que yo te envié el mismo año no dijeras ni agua. Si hubiera podido enamorarme de ti tendría, incluso, como todos los enamorados, un resentimiento en tu contra: no me leíste cuando yo era muchacho y buen poeta, puedes creerlo.
El hecho es que cuando te vi viva por primera y última vez, lo hice sin que se me pasara por la cabeza la ocurrencia de acercarme a tu corte. Un acto gratuito de modestia que ahora me parece antojadizo. Más de un mediador me habría allanado el terreno para que hincara el pie en tierra, frente a tu trono, intercambiara contigo una fórmula de cortesía y, tal vez, aventurara un diálogo. En cambio te esperé en las inmediaciones de la Estación Central un día polvoriento y caluroso, un número más de los que sumaba una verdadera muchedumbre. Aunque ya tenía veintiséis años, y corrí por la Alameda de las Delicias, detrás del Packard en que te hizo entrar a La Moneda el general Ibáñez y esperé al pie del balcón presidencial la aparición del monumento que ya eras tú en tu abrigo de tweed —el hábito de la Madre Superiora—, la cabeza cenicienta (tanto y tan bien que hablaste de eso) y tu aire ausente al que, en esa performance, incorporaste la más rara de tus voladas.
Habías escrito: “Soy vieja; amé los héroes / y nunca vi su cara; / por hambre de su carne / yo he comido las fábulas”. Y ahora, desde ese balcón al que, por fin, te habías asomado, diste primero por sentado y luego por desasentado que tu invitante —el señor Presidente— había hecho la Reforma Agraria. 
Cuando hablaste de eso, el general dio, físicamente, un paso atrás. Eso fue, quizás, algo que te desconcertó. Y no encontraste nada mejor que el diálogo imposible. Te dirigiste a quienes, en ese momento, nos llamábamos legión (pero no de demonios sino de borregos): “Yo me lo tenía entendido así, pero son ustedes los que saben, he vivido tantos años en el extranjero. ¿Se les ha entregado, en este país, la tierra a los campesinos?”. Estabas confundiendo, quizá, las atenciones de Carlos Ibáñez con las intenciones políticas de Álvaro Obregón, o algo así. Yo tuve la impresión de que ese hermoso monumento se resentía del avance de la arteriosclerosis; porque, de veras, para algunos el Premio Nobel y para otros como yo los libros que no te apurabas nunca en publicar te habían convertido en una belleza. Yo, al menos, habría preferido tu aparición a la de Ingrid Bergman en cualquiera parte del mundo.
Al día siguiente comprendí que eras ya “la ola muerta”. No habías fingido meter la pata en el balcón por astucia, es que estabas sencillamente ida (“Me voy de ti con vigilia y con sueño / y en tu recuerdo más fiel ya me borro. / Y en tu memoria me vuelvo como esos / que no nacieron ni en llanos ni en sotos”).
Estabas leyéndonos de unas hojitas de cuaderno escolar tu discurso de agradecimiento —la Universidad de Chile te había nombrado Doctor Honoris Causa— desde la galería del segundo piso de la Casa Central a los que nos aglomerábamos en el patio, cuando, al parecer, perdiste las hojas finales. Entonces empezaste a releer, automáticamente, dos o tres de las primeras, para embarazo de todos.
Tres años después se supo que agonizabas en Long Island. La poeta de la muerte moría ahora real y verdaderamente. Escribí una elegía para ti mientras duró la agonía aunque ni tú ni yo éramos políticos, ni yo, pues, estuviera obligado a adelantarme a tu muerte real con la redacción de mi poema para una edición especial. Ocurrió así, absurdamente, porque yo, que no creo en los fantasmas, necesitaba, desde hace mucho tiempo, franquearme contigo en lo que fue un poema de amor a tu palabra.
Y asistí, por cierto, a tus funerales, después de hacer cola frente al Salón de Honor para despedirme de tu cadáver maquillado. Me volví a encontrar, parte de la aglomeración, ahora ante la puerta del Cementerio General. Otro muerto memorable, Luis Oyarzún, que por ese entonces era mucho más joven de lo que soy ahora y menos oscuro, brilló hablando de ti, como antes en la Universidad, con su inagotable y matizada elocuencia.
Eso fue todo en cuanto a nuestras relaciones rigurosamente unilaterales en lo que se refiere a tu presencia. Pero soy un especialista en tu ausencia, de los poemas en que estás y no estás; un conocedor de tu “País de la ausencia”: “Me nació de cosas / que no son país / de patrias y patrias / que tuve y perdí / de las criaturas / que yo vi morir / de lo que era mío / y se fue de mí”. Como tú, exactamente, “Amo las cosas que nunca tuve / con las otras que ya no tengo”. Te amo en lo que dejaste, eso que siempre se deja de tener —un poema— y que, en un cierto sentido, no se tiene nunca. Hay otras cosas que quisiera decirte. Vamos por partes, hasta donde me alcancen estas seis carillas.
Desde que eras una vieja de treinta años (nunca aceptaste el riesgo de ser joven, porque lo habías corrido con mala suerte) te habrás habituado a dividir las opiniones a tu paso en primeras piedras o pedradas y en cánticos de alabanzas en tu nombre, desusados incluso en esa época. Si un criticastro hablaba de tu acento hombruno, perdiendo la cortesía ad hoc de los caballeros chilenos, un poeta te confundía con María de Nazareth y hacía de ti una especie de monstruo al explicar tu fecundidad poética por el decreto de tu virginidad y viceversa. Desde la Divina o Santa Gabriela a la escribiente que “escribe con rudeza masculina y, más aún, se muestra en la descripción de sus amores animada de un carácter de hombre”.
Se te puede suponer modesta, pero no humilde: te escudaste orgullosamente en el emblema de la modestia: La maestra rural. Algo que habías sido en esas aldeas del norte o del sur. En una de ellas, para empezar, se te degradó en un patio escolar, bajo la acusación de ladrona, en el más puro estilo cuartelario y enseguida fuiste lapidada por tus compañeras y alumnas. De esa figura, pero transfigurada, hiciste en el mundo un símbolo. Y una especie de rémora, aunque te ayudara a navegar. Se diría que ibas a ejercer la poesía como un magisterio; es probable que tú misma pensaras que tus versos se agrupaban, constantemente, en poemas didácticos. Se diría que la “augur” —como te magnificó José Vasconcelos en La raza cósmica— era, ante todo, una criatura de servicio, siempre dispuesta a orar por todos y no una egoísta ni una cualquiera. Hiciste de tu imagen un ejemplo a seguir camino de los cielos y no un desvío que pudiera llevar a la nada (“apetito de nunca volver”). Por lo tanto, monseñor Lecourt en su Oración Fúnebre te pudo ofrecer al mundo, fácilmente, como una trinidad: mujer, maestra y artista cristiana. “Non potest civitas abscondi supra montem posita”, “no puede ocultarse una ciudad asentada sobre un monte”. Y pudo imaginarte “cara a cara y mudez con mudez” al arquetipo de Mujer perfecta, al Maestro Triunfante. Frente a frente y mano a mano con Arseno thelys, el Andrógino Perfecto.
Olvidaba el sacerdote, y tú misma lo habrías hecho de poder tomar la palabra más allá de la tumba (pero no hablaste), que en tu religión personal se mixturaban el cristianismo y veinte años de budismo, la creencia en el Karma y la metempsicosis.
La lectura literal pero atenta de tus mejores poemas —y no de tus páginas edificantes— sorprendería a más de algún creyente por “el amor de la nada” que se trasluce en tus oraciones: “Por si no hay después encuentros / en ninguna Vía Láctea”. Los oficiantes de diferentes cultos tendrían que estrellarse contra ti; pero en ese muro han abierto una hornacina y puesto, cada cual, una imagen inventada de su santa que se te parece, pero no más que un mármol a un cuerpo y tanto como una figura a una sombra. 
Para mí eres otra especie de fantasma: una palabra amada. Te pienso algo más que un poco descreída y sin mayor ánimo de edificar ni cuerpos ni almas. Las historias de amor que te cuelgan, a partir de una supuesta confesión o de algunas insignificantes cartas de adolescencia, sirven para tu deificación y para ahondar la ignorancia de tu poesía. Me parece incluso indecente que seas aún para algunos la Virgen de Nazareth, la madre de todos los hijos del mundo o la Divina. Tampoco creo necesario volver a comparar tu vida con la de un personaje de Emily Brontë —Catalina— ligada a Heathcliff por un amor fatal. En su apuro por novelarte, poco o nada quieren saber tus mistificadores de los amores reales que pudiste tener, ni tantos ni tan pocos como los de cualquiera. Hiciste de todos ellos, quizá, el mismo fantasma y te afantasmaste alimentándolos de lo que iban a morir. Leer Tala y Lagar significa entender la relación de lo imaginario con lo fantástico y de lo fantástico con lo fantasmal y, paradójicamente, significa aprender lo que, en virtud de la poesía, reconcilia cuerpo y palabra, presencia y ausencia. Unos cuantos versos, Gabriela, eso es todo lo que te diferencia de la mayor parte de los vivos y de la gran mayoría de los muertos. Y no son didácticos, con el favor de Dios, ni optimistas. Son disfóricos y verbalmente felices: una pura conjunción de la experiencia y del lenguaje.

Sunday, August 20, 2017

Librería más antigua

¿Cuál es la librería más antigua del mundo?

Alfredo Álamo el 23 de junio de 2017 en Divulgación
  • Varios establecimientos se disputan este título.
  • Una de ellas, Morpurgo, está a punto de cerrar.
Interior de una librería desordenada.

Las librerías centenarias son cada vez más escasas, sobre todo porque a lo largo de la historia no han tenido la protección de las bibliotecas y que, por desgracia, en las últimas décadas han sido arrinconadas por la crisis y la especulación inmobiliaria de las grandes ciudades. Pero unas cuantas grandes librerías han luchado contra viento y marea, siendo unos lugares excepcionales de visita obligada. Bertrand, Moravian, Korn & Berg o Morpurgo, son nombres legendarios.

Morpurgo, por ejemplo, no es de las más antiguas, pero sí que lleva abierta de manera ininterrumpida en el mismo lugar desde julio de 1850. Es toda una tradición en la ciudad de Split y supuso una revolución en cuanto a la compraventa de libros en todo el país. Por desgracia, se ha anunciado que cerrará en breve, con lo que se va a perder un lugar con una tradición impresionante.
La que puede ser la más antigua, todavía en funcionamiento, es la librería Bertrand, en Lisboa, que se abrió en 1732, en pleno centro de la ciudad. Las dudas sobre si es la más veterana vienen dadas por su destrucción en el terremoto de Lisboa, aunque pocos años después volviera a abrir. Hoy en día no corre peligro de desaparecer, siendo la base de la cadena de librerías más importante de Portugal e incluso cuenta con su propia imprenta.
Su gran rival es la librería Moravian, abierta en 1745 en Bethelem, Estados Unidos. Es la más antigua de su país, aunque no siempre se ha mantenido en el mismo sitio, ya que ha cambiado en varias ocasiones de ciudad. Lleva más de 100 años en el mismo edificio, que sus empleados afirman que está encantado por un fantasma que se aparece por las noches. No sabemos si para leer las novedades.
A estas dos grandes librerías les ha salido un competidor, la librería Korn & Berg en Alemania, que afirma haber sido fundada en 1531. De ser cierto, hay dudas sobre el dato, este establecimiento se convertiría en el más antiguo de Europa y del mundo. En la actualidad sigue con su actividad normal, además de figurar como atracción turística ineludible.
En España sigue en marcha la librería Hijos de Santiago Rodríguez, en Burgos, que, igual que Morpurgo, abrió sus puertas en 1850. 167 años más tarde, siguen abiertas y tras las estanterías se mantiene la misma familia que ha trabajado allí durante casi dos siglos, seis generaciones de libreros, nada menos.
¿Conocéis alguna librería igual de antigua? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

Saturday, August 19, 2017

Miguel Serrano

Un polémico maestro: el legado de Miguel Serrano

La Tercera, 20 agosto de 2017

 
 
Autor: Javier García

 

Escritor y diplomático, el autor chileno creó una obra basada en vivencias y mitos. Cercano a Neruda, Jung y Hesse, sus títulos fueron elogiados, pero su literatura fue opacada por promover el nacionalsocialismo y negar tanto el Holocausto como el Informe Valech. El próximo 10 de septiembre se cumple un siglo desde su nacimiento, a quien sus seguidores llamaban “maestro”.

 
 
 
Un polémico maestro: el legado de Miguel Serrano



Erudito y encantador. Amable y misterioso. También iluso y delirante. Fascista y ególatra. Miguel Serrano encarnó como pocos los polos del ser humano: la luz y las sombras.
Escritor, diplomático, explorador y líder. Creador de una obra basada en leyendas, vivencias, búsquedas espirituales, Miguel Serrano Fernández fue parte de la Generación literaria del 38. Su libro Ni por mar ni por tierra (1950), publicado por Nascimento, una de las editoriales más prestigiosas del país, fue recibido con elogios.
“Lo conocí mucho cuando comencé a escribir. Era muy cordial y simpático, amigo de todo el mundo y cercano también de Pablo Neruda”, recuerda el novelista Jorge Edwards. “Después se vio que era un nazi”, agrega sobre quien fue sobrino del poeta Vicente Huidobro y descendiente de la familia Fernández Concha. Un hombre cordial, de ojos claros, que aparece en fotografías con Neruda, Hermann Hesse, Indira Gandhi, el Dalái Lama, la reina Isabel II de Inglaterra, como también retratado en una expedición a la Antártica. Sucedió en 1947 con el propósito de buscar una base alemana: para Serrano Adolf Hitler no había muerto en un búnker en Berlín, en 1945. Para Serrano Hitler estaba vivo.
“Somos víctimas de nuestro destino profundo, impreso en las raíces de nuestros impulsos y de nuestra herencia”, escribe Serrano en Ni por mar ni por tierra. “Mi vida se ha desenvuelto casi tanto en mis sueños como en los acontecimientos externos. (…) He vivido envuelto en la fantasía”, agrega en el ejemplar donde registra las huellas de su generación, procesos de transformación personal, así como los orígenes de América, y que ahora es reeditado por EB Libros, a pocos días de que se cumplan 100 años de su nacimiento ocurrido el 10 de septiembre de 1917.
Ese día probablemente un grupo de sus seguidores elevará su brazo derecho para gritar al cielo: “¡Heil Hitler! ¡Heil Miguel Serrano! ¡Viva Chile!”, como se vio en su entierro el 28 de febrero de 2009, en el Cementerio General, tras sufrir un derrame cerebral, a los 91 años, en su departamento del sector del cerro Santa Lucía de la capital. Para los lectores de su narrativa, Serrano era el “maestro” y para quienes compartían la doctrina del nacionalsocialismo era el “camarada”.

Estrategias morales

Nunca fue a la universidad. Nació en calle Santo Domingo 661, de Santiago, a inicios del siglo XX. El sector era propiedad de sus bisabuelos. Cuando Miguel tenía 5 años murió su madre, Berta. Tres años después, su padre, Diego. Criado por su abuela Fresia Manterola Goyenechea, juntos vivieron en el Barrio Brasil y también en calle Lira. Tras estudiar algunos años en el Internado Nacional Barros Arana pasó al colegio Valentín Letelier.
Con nuevos amigos como Santiago del Campo Silva, conoció la bohemia santiaguina. En ese mundo de libros y diferencias, mientras se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial en Europa, conoció a los integrantes de la Generación del 38, que darían forma a la Antología del verdadero cuento en Chile.
Entre ellos estaban Juan Emar, Carlos Droguett, Braulio Arenas, Eduardo Anguita, Teófilo Cid y Héctor Barreto. Este último, a quien Serrano llamaba un “héroe griego”, fue asesinado con 19 años por un grupo de nazis a la salida del café Volga, en San Diego. Sin embargo, el hecho histórico que marcó su vida política fue la Matanza del Seguro Obrero, ocurrida el 5 de septiembre de 1938, que dejó 63 jóvenes nazis fallecidos.
Desilusionado del marxismo, Serrano se acercó al Movimiento Nacional Socialista de Chile. “Me encerré en mi casa por meses, con todo lo que pude encontrar sobre el marxismo. De allá salí convertido en un antimarxista convencido”, señaló, quien se interesó en el trasfondo esotérico del nazismo. Por entonces, por primera vez era tratado de “fascista” por el poeta Pablo de Rokha en un artículo publicado en la revista Multitud, en 1939.

“Su obra literaria es fundamental. Su legado es su obra y no lo que tiene que ver con el nacionalsocialismo”, dice al teléfono José Miguel Serrano, hijo del autor de La flor inexistente, quien vive en Puerto Montt y no se identifica con el pensamiento de Hitler. “Mi padre creó una leyenda, una mística del sur para elevar el espíritu de los chilenos por nuestra tierra”, señala, y cuenta que el escritor tenía terrenos en el sector de Melimoyu, zona sur donde supuestamente se encontraría la mítica Ciudad de los Césares.
                           
A inicio de los años 40, mientras apoyaba a una Alemania en guerra, a través de la revista La Nueva Edad, Serrano comenzó una extensa labor como autor de artículos de opinión. Algunos se titulan Historia de la podredumbre en Chile, Más allá del nacismo y Los judíos invaden Chile. Un interés que se extendería a lo largo de su vida.
Hace un año EB Libros, editorial creada por su viuda, la historiadora española Sabela Quintela, editó La brújula del alma está marcando el Sur. Un volumen que reúne 13 títulos, donde Serrano expone su pensamiento ideológico: su defensa de la Patagonia, la “estrategia sionista” del plan Andinia, se refiere a los ovnis de Hitler creados para combatir el “Nuevo Orden Mundial”, y desconoce el Informe Valech, que registró la tortura y la prisión política durante el régimen militar en Chile.
“Así como no hay judíos sin parientes que no hayan muerto en una cámara de gas y deba ser recompensado con dinero de los arios, del mismo modo no habrá comunista o terrorista que no haya sido torturado por el Régimen Militar”, escribe Serrano, quien se acostumbró a visitar La Moneda en los años de Augusto Pinochet. Dos semanas después del Golpe de Estado de 1973, la Junta Militar lo llamó para que les diera una charla de política internacional. Serrano expuso sobre “Socialismo prusiano”.
En 1984 fue cuestionado por asistir al funeral en Santiago del oficial nazi Walter Rauff. Ex miembro de la SS, fue el creador de la cámara de gas ambulante y responsable de la muerte de medio millón de personas.
Más tarde, en septiembre de 1986, pocos días después del atentado a Pinochet por miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, fue convocado por el general. Este quería saber los significados ocultos en el hecho más allá de las obvias conclusiones. Además, por entonces era asiduo del valle de Colchagua, donde tenía propiedades el empresario Carlos Cardoen. Juntos reeditaron el libro Raza chilena, de Nicolás Palacios.
Entre sus fieles seguidores, en sus últimos años, estaban Erwin Robertson, director de la revista Ciudad de los Césares, y el ingeniero Fernando Saieh Alonso, quienes estuvieron a cargo de su despedida política en el Cementerio General.

Un Tolkien

“Es un autor interesante, por momentos muy distinto a la literatura chilena. Pero creo que es inseparable su nazismo de su obra. Creo que su postura es una enfermedad moral y no estética”, reflexiona el narrador Rafael Gumucio, quien ha escrito ensayos sobre Serrano. “Creer en los mitos y las montañas sagradas te aleja de los problemas humanos y el único ser humano que aparece en sus libros es él”, agrega.
En la década del 50 y 60, el narrador ejerce labores diplomáticas. Es destinado a la India, Yugoslavia y Austria, donde ahonda en sus intereses espirituales y esotéricos. Por esos años conoce a Hesse y Carl Jung. De ahí nace La serpiente del paraíso (1963) y El círculo hermético (1965), títulos traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, griego, japonés, persa y ruso.
“Serrano de alguna manera es un reverso de Oreste Plath, en cuanto este último recopiló nuestros mitos y folklore, mientras Serrano usó esa recopilación para escribir un Chile inventado, delirante, con ciudades perdidas y monstruos en los hielos”, dice el escritor Francisco Ortega, quien el año pasado cerró con el thriller Andinia su Trilogía de los Césares. “A la larga Serrano es lo más parecido a un Tolkien o a un Lovecraft que ha dado la narrativa chilena, aunque a los fans de Lovecraft y Tolkien les dé urticaria”, agrega el autor de Logia.
Sabela Quintela, la viuda del narrador, está sentada ahora en el café Mosqueto del barrio Bellas Artes, lugar al que solía ir Miguel Serrano en su última década de vida. “Sus libros dejaron de editarse cuando comenzó a escribir sobre temas de nacionalsocialismo”, recuerda. “El sabía que ese era el costo. Pero era consecuente, era leal a sus ideales superiores”, dice ella, quien conoció al escritor en España en 1989. Se vino a vivir a Chile en 1994. Años que también compartieron en la casa de Valparaíso ubicada en avenida Alemania 5558.
“Extravagante y generoso, Miguel Serrano y su obra pervivirán cuando el trabajo de los escritores ‘adecuados’, ‘correctos’ haya sido barrida por el viento”, opina el escritor Antonio Gil, quien también estuvo en el funeral de Serrano. En ese día caluroso de febrero, donde una gaita y un grupo de camaradas de camisas pardas entonaron el último adiós.

 

DE NUESTROS SOCIOS: DON ANTONIO DOUGNAC

Esperando "La Cenerentola" de Rossini.


 

Saturday, August 12, 2017

Aventuras de Juan Esparraguito o el niño casi legumbre. Cuchicheos de un abuelo. Agustin Edwards Mac Clure. - El Viejo Libro, libreria anticuaria online

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Valparaiso, Pablo Neruda. Ilustraciones de Sergio Rojas Guerra. - El Viejo Libro, libreria anticuaria online

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Sunday, August 06, 2017

Bartolomé Mitre

Recordaron ayer a Bartolomé Mitre

Hubo palabras sobre el aporte de su obra en la Recoleta y en el Museo Mitre
 
Martes 27 de junio de 2017
 
LA NACION
         
Ayer, en el mausoleo de la Recoleta
Ayer, en el mausoleo de la Recoleta. Foto: Fernando Massobrio
 
A 196 años de su nacimiento, Bartolomé Mitre sigue inspirando actitudes comprometidas con el bien común de todos. Y todas, porque el acto central de la conmemoración de ese aniversario fue, ayer, una charla en la que se destacó el lugar y aporte de las mujeres en la obra dramática de quien, además de escritor, fuera presidente de la Nación, periodista, traductor y poeta.

Los homenajes por el aniversario de Mitre comenzaron por la mañana, frente al mausoleo que conserva sus restos en el cementerio de la Recoleta. Por segundo año consecutivo, el nacimiento se recordó en un breve acto amenizado con la música de la banda de la Gendarmería Nacional. Allí, José Claudio Escribano, miembro del directorio de LA NACION, diario que fundó Mitre, detalló la actualidad de su legado (su discurso se publica en la sección Opinión).
La directora del Museo Mitre, Gabriela Mirande Lamedica, destacó la simbología del edificio donde funciona el museo por haber sido la primera residencia de un presidente de la Nación.

Tuesday, August 01, 2017

TASCHEN

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